Observo que en Chile no existe una claridad (si es que existe) de una visión-país, una visión de lo que se quiere construir del presente al futuro. Por eso, quiero hacer entrega de mi visión, desde dos perspectivas: 1. La visión en cuanto a lo que quiero ver y 2. Tareas concretas que se pueden hacer.
Acá les muestro lo que quiero para mi país:
- Mi país se construye con la gente. Somos nosotros los que tenemos el deber de decidir qué hacer con nuestra vida y con nuestro horizonte nacional.
- Un país de propuestas. Pero hemos sido flojos y desidiosos. También hemos sido adolescentes para alegar y no proponer.
- Proponer no es imponer mi visión. Es proponer mi postura y luchar porque sea escuchada.
- Yo no quiero un país mercantilista. Pero tampoco un país estatista.
- Yo no quiero un país de grandes desigualdades. Pero tampoco quiero un país en que quien no trabaja ni es un activo constructor, reciba más de lo que merece.
- Yo quiero un país de abrazos, de cariño, de construcción constante de lo que potencialmente podemos ser.
- Para mi el respeto y el cariño entre la gente debe ser la norma y no la excepción.
- Se exigirá un trato respetuoso desde y hacia las autoridades y representantes de la administración pública.
- Validar al otro en su individualidad, que no es lo mismo que la tolerancia. Reconocer su perspectiva de la vida y su derecho a vivirla como le parezca mejor, sin que ello le prive su derecho a desarrollarse plenamente ni agreda la libertad de otros.
10. No a la tolerancia, sí a la validación del otro. Tolerar es aguantarse que el otro piense distinto. Validar es aceptar al otro en sí mismo. Por lo tanto, yo puedo buscar convencerlo de mi perspectiva, pero me puedo nutrir de ella.
11. La economía no sea la mirada de hacer política, los proyectos no sólo se deben evaluar en cuanto a su rendimiento económico (algo valorable), sino su impacto en la construcción del país.
12. La vida política debe ser regida según la mirada país que tenemos.
13.
14. Veo un país que paga por los servicios que se reciben y que paga correctamente sus impuestos.
15. Pero también veo un país integrado en la comunicación, coordinación, cooperación entre los miembros de la comunidad y no meros receptores de políticas desde la alta dirección.
16. Creo en la integración de mi país hacia el mundo, no hacia sólo los países de mi región. La historia ha demostrado que América Latina nunca ha estado preparada para la famosa unión de la que muchos líderes se llenan la boca. Basta un problema interno para intentar avalanzarse sobre otro país, especialmente limítrofe, para desviar la atención. Si queremos una real integración no es posible que en Bolivia o Perú, se sigue educando en el odio. No es posible que en Chile se siga menospreciando a bolivianos y peruanos. No es posible que Brasil y Argentina cierren fronteras cuando las cosas se hacen mal internamente, especialmente desde un proteccionismo mal entendido.
17. La corrupción es un acto que muchos hemos aceptado. No porque seamos mal intencionados y sucios en nuestro actuar. Sino que simplemente no respetamos el concepto que mi libertad está en el respeto del espacio (y las cosas) del otro. Es así que muchísimas cosas las llevamos al espacio de lo invisible: el robo hormiga (“un yogurt no le hace daño al supermercado”), la salida de objetos como souvenir (“es sólo un recuerdo”), el uso de lo que no nos pertenece (“pero si se lo devuelvo después”). Existe una despreocupación del respeto de las reglas, porque se toma eso como una desventaja personal frente a los demás.